Entre un Happening y el paso de Las horas claras:novelas del atrevimiento

Que Gustavo Valle se haya atrevido a lanzarse por la senda abierta por  Jack Kerouac,  en su famosa En el camino,  y Jacqueline Goldberg  por la senda de Lluvia, de Victoria de Stefano,  habla de aires distintos en la novelística venezolana, de una diversidad y de unas búsquedas personalísimas premiadas por la La Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, cuya apertura genérica soporta propuestas  fuera de lo común como estas novelas. Sea por la soledad agónica de sus protagonistas, porque ambos textos apelan constantemente al arte, a la búsqueda estética, como redención íntima, la prosa perfecta y serena de Las horas claras  con su mundo burgués  en plena  y contenida tensión, tiene vínculos con  la trepidante novela de Valle, salpicada de barro, sangre, momias, zancudos, teatro del absurdo  y tragos de cerveza. Morocho, Rebeca, Alex, Francis están tan levemente locos como Madame Savoye, y en ellos la modernidad representada en la herencia y el espíritu  de Tadeusz Kantor y Le Corbusier se manifiesta como afirmación rotunda pero amarga de la individualidad. 

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